Existe una izquierda en construcción, que no termina de romper con los dinosaurios pero que al ser joven tiene la ventaja del tiempo a su favor.
Esta izquierda -a la que se le desea lo mejor- se pone zancadillas, se enreda, se traba, se demora. Anhela el poder pero no puede -hasta donde hemos visto hoy- llamar a las cosas por su nombre. Saben que se le va a pedir definiciones, deslindes, y sin embargo apuestan por otra cosa.
Lo de Venezuela es claro, digamos que no admite mucha duda, e inaugura sin excusas una dictadura. Esto que ha merecido una respuesta correcta por parte, por ejemplo, del gobierno peruano, encuentra resistencias en el lenguaje de esta nueva izquierda.
Vemos que se habla de “poder ciudadano”, de “voluntad popular”, pero se insiste en una falta de claridad para referirse lo ocurrido salvo por una suerte de ‘comparación’ con el 5 de abril. Se dice también -cual tautología- que la “disolución” de la Asamblea es un “grave atentado contra la representación popular” [es decir, la disolución de la Asamblea es un grave atentado contra la Asamblea, no?]. Finalmente, se sostiene que es la resolución del Tribunal la que “rompe el equilibrio democrático en Venezuela”.
No necesitamos una izquierda tibia y dubitativa. Las fuerzas progresistas del país deben poder llamar al tirano tirano, y no pasa nada si el dictador apellida Maduro o parecía uno de los suyos. Lo que hoy hace esta izquierda en construcción se parece y me recuerda al Tucán Bedoya, fundador del PPC, cuando insistía en llamar a los delitos de su hijo, no delito sino “pecados”.
Desde el Grupo Valentín estamos convencidos que Venezuela saldrá de esta pronto y que América Latina mostrará unidad y expresará sin ambages su respaldo al pueblo venezolano condenando este autogolpe.
Martín Soto Florián
Director del Grupo Valentín

