
DINERO, VISTA DE SOLES Y DOLARES CON EL FONDO DEL BCR Y LA SBS.
La semana pasada, Luz Salgado se negó a participar en la sesión del Consejo de Estado convocada por el Presidente Kucsynzki para tratar la agenda anticorrupción del gobierno.
Para justificar esa demostración de fuerza en la cual le da un portazo en la cara al Presidente de la República, Salgado utiliza argumentos jurídicos que nada tienen que ver con su mal gesto político. La presidenta del Congreso olvidó que la invitación fue hecha en su calidad de representante de un poder del Estado y no como secretaria de Keiko Fujimori. Para algunos, la justificación legalista fue suficiente, para otros no fue más que una demostración de la nula importancia que tiene la lucha contra la corrupción en tienda fujimorista.
Todo esto queda como anécdota menor ante lo ocurrido el día de hoy en el Congreso de la República. La designación de José Chlimper, Elmer Cuba y Rafael Rey como miembros del directorio del Banco Central de Reserva ha sido realizada sin la discusión y deliberación que tan importantes encargos requiere. ¿No es acaso la deliberación pública la esencia misma del Congreso? Esta elección en tiempo record ha tenido como objetivo evitar la discusión abierta y transparente sobre la idoneidad de los candidatos para el cargo. Si se tratara de personas probas y con las competencias técnicas para ejercer su función, ¿por qué se ha tomado esta decisión con el apuro propio de un huidizo carterista? Veamos.
El Banco Central de Reserva es una entidad de carácter técnico y, según su propia página web, sus directores “deben tener reconocida solvencia moral y poseer amplia solvencia y competencia en economía y finanzas. No representan a entidad o interés particular alguno”. Esto no se cumple en los casos de José Chlimper (involucrado en un escándalo aún no esclarecido, con supuesta falsificación de audios incluida) y Rafael Rey, quien no tiene ninguna experiencia en materia de economía y finanzas. En el caso de Elmer Cuba, quien sí es un economista con prestigio profesional, su candidatura a la vicepresidencia por el fujimorismo despierta la legítima sospecha de representar intereses particulares de un partido político.
Y así, una de las instituciones más desprestigiadas del país arrastra hacia su posición de mediocridad a una entidad que hasta hoy gozaba de cierto prestigio técnico. Según la última encuesta de Ipsos PERÚ, la aprobación del Congreso de la República baja de 46 a 38% en el mes de octubre, y hay que ver qué dicen las encuestas por venir.
La imposición no es una forma adecuada de tomar decisiones. Hoy ha quedado demostrado que para los congresistas fujimoristas y apristas los ciudadanos no somos más que mercancía política. Una vez electos y acomodados en sus curules, las decisiones se toman debajo de la mesa y a espaldas del pueblo. Desde este espacio, consideramos que una forma distinta de hacer política es necesaria. Es hora de alejarnos de la imposición y el secretismo. La técnica, la política, la honestidad, la búsqueda de diálogo y de consenso deben ser parte de la fórmula que lleve a Perú al desarrollo. Lamentablemente, vamos a llegar al bicentenario observando un Congreso que hace exactamente lo contrario.
Por Eliana Carlin, Magíster en Políticas Públicas de la Universidad de Georgetown y Politóloga de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Miembro del Grupo Valentín.
Foto de portada: Diario Gestión
