
En un contexto de instituciones con bajos niveles de aprobación ciudadana, un Parlamento obstruccionista y autoridades cuestionadas por diversos motivos, el cumpleaños de Valentín Paniagua es un buen motivo para recordarlo.
Recordar su figura, su vocación de servicio y el rol vital que cumplió liderando nuestra transición democrática en el año 2000.
Si bien el momento más importante de su carrera política llegó el 22 de noviembre del año 2000 al juramentar como Presidente de la República, Valentín se inició en la política muy joven en la Universidad San Antonio Abad del Cusco (UNSAAC), donde estudiaba derecho. Luego fue elegido diputado y asumió como Ministro de Justicia a los 27 años, siendo el Ministro más joven del país.
Una vez derrotada la dictadura, Valentín nos deleitó con la elocuencia, la serenidad y la humildad con las que asumió la más alta responsabilidad de la república. Tras una década plagada de autoridades que significaron un desincentivo a la juventud para involucrarse en la política y en lo público, Valentín con su “tiempo nuevo” nos devolvió la esperanza de un país democrático, justo y reconciliado. En un histórico discurso convocante, quiso iniciar su gestión marcando el fin de una década de desunión y ausencia de diálogo: “Que nadie se sienta excluido. Yo sé que incluso nuestros adversarios políticos (…) coinciden con los propósitos que nos animan, y por eso estoy convencido de que este Gobierno tal vez pueda hacer realidad la concertación y el diálogo como medio para garantizar la unión nacional que es la base de toda prosperidad”.
Hoy, muchísimos jóvenes se involucran en la gestión pública o en el quehacer público desde sus espacios, quizás sin saber que lo hacen con los mismos objetivos que tuvo ese Valentín joven, en las aulas de la UNSAAC. Al margen de preferencias ideológicas o militancias partidarias, Valentín Paniagua debe tener el lugar que se merece en la historia. Fue de su mano que iniciamos el camino – que seguimos caminando- hacia el bicentenario, con la esperanza de llegar como la mejor versión posible de nuestro país
Por Eliana Carlín
